¿Qué es la Etnobotánica?
La etnobotánica se refiere al estudio de las relaciones que existen entre las plantas y los seres humanos, cómo se relacionan, cómo influyen las plantas en el desarrollo de las culturas y cómo las culturas influyen en el desarrollo de las plantas.
El estudio de la etnobotánica es especialmente importante en el trópico húmedo, debido a que en estas zonas, es donde se concentra la mayor diversidad biológica y cultural en el planeta.
En el caso del sureste de México, existe una historia compartida entre las diferentes culturas y las plantas; miles de años de convivencia armónica, con los seres humanos como un componente más de la alta diversidad biológica.
Estudiar etnobotánica es importante porque representa la oportunidad de aproximarnos al pensamiento y formas de ver el mundo de los habitantes originarios del trópico húmedo. Significa además, un reto intelectual para iniciar un proceso de descolonización de nuestras mentes, que nos permita aprender formas de ser y estar no occidentales, ajenas a la Modernidad, capitalista, de acumulación de riqueza, extracción y destrucción de la naturaleza como hasta la fecha se manifiesta el pensamiento Occidental. Acercarnos al conocimiento de los pueblos que desarrollaron la conciencia y el propósito existencial para producir, reproducir, preservar y perpetuar la vida. Esta profunda relación entre los seres humanos y la alta diversidad de las selvas cálido húmedas destinada para reproducir la vida, puede verse reflejada en el hecho de que hasta la fecha, no hay evidencia de extinciones masivas de la diversidad biológica de estos ecosistemas, provocadas por la presencia humana en épocas prehispánicas.
Estudiar etnobotánica es también una oportunidad para, en el ejercicio de nuestro pensar, aproximarnos a ¿Qué significa pensar? Sobre todo, desde un determinado sitio histórico, social, ecológico, económico y geopolítico de enunciación, que nos ayude a entender, por qué pensamos lo que pensamos cuando pensamos.
Dice el filósofo Latinoamericano, Juan José Bautista (2015):
«Cuando un pensador piensa de cara a la realidad que le tocó vivir, lo que surge es un pensamiento original, pero no porque uno se propusiera ser original, sino porque uno se propone pensar en serio y con rigor los problemas centrales que plantea la realidad o que existen en ella y que nos toca vivir a todos cotidianamente. Como los problemas que nuestra realidad expone no son siempre los mismos, el pensar que piensa los problemas centrales, a menudo no pensado, deviene pensamiento nuevo».
Dice también (Bautista, 2015): «Las grandes preguntas no son producto del genio de los grandes pensadores, las grandes preguntas, el contenido de las grandes preguntas las producen los pueblos en coyunturas culturales, políticas e históricas».
Sin embargo, y aquí es por donde podemos iniciar nuestro proceso descolonización, la cultura occidental se ha encargado de meternos en la cabeza (y en esto juega un importantísimo papel la Universidad), privilegiar el individualismo, el mérito personal sobre el comunitario, así como los valores ligados al éxito económico o político, la competencia sobre la colaboración y lo más importante, la desvinculación con el mundo de las carencias, de los sin derechos, los que no tienen nada, es decir, los «Otros».
Porque lo que importa a Occidente es el individualismo a toda costa, a cualquier precio, premiar a «quién descubrió qué», «quién inventó qué», atribuyendo a quien tuvo el «acierto», ser el propietario y precursor de X o Y idea. Se inventan premios, como el Nobel, para engrandecer al individuo, haciéndole creer que con el premio (y el dinero), seguro pasará a la inmortalidad. Lo mismo como cuando en la Iglesia católica se vendían «indulgencias», para según los religiosos, prometer (a quien daría el dinero por la indulgencia), que una vez muerto, se reduciría e incluso eliminaría, el tiempo que el alma pasaría en el purgatorio y en consecuencia facilitaría su acceso al cielo. En otras palabras, la individualización para adjudicar ideas, inventos y desarrollos tecnológicos, no es más que la secularización de las ideas religiosas en la Ciencia.
Mediante la individualización del conocimiento, el pensamiento Occidental, bajo el membrete de «Ciencia», se ha apropiado de ideas, inventos y desarrollos tecnológicos, que a lo largo de la historia han atribuido a hombres, blancos, heterosexuales, de cinco países europeos: Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y Estados Unidos. Ideas, inventos y desarrollos tecnológicos que a su vez, se han constituido en el canon universal de conocimiento para, de manera hegemónica, colonizadora, racista y clasista, imponer a la Ciencia como la única forma de adquirir conocimiento legítimo. Citando nuevamente a Bautista (2015): El pensamiento europeo es: «Un pensamiento situado y local, que tiene una pretensión de universalidad, sí, pero de dominación, exclusión y colonización…un pensamiento que se pensaba a sí mismo como cultura y civilización pero de espaldas a la realidad toda…un pensamiento que se afirmaba a sí mismo a costa de negar o subestimar el pensamiento de otras culturas o civilizaciones…Es decir, afirmando ser universales, en los hechos demostraban ser provincianos».
Como veremos más adelante, la mayoría de las ideas, inventos y tecnologías que atribuidas a Europa, fueron robadas, apropiadas y asimiladas de otras culturas que Occidente ha sometido, hasta la fecha, a través de la brutalidad de la fuerza; la guerra, el genocidio, el ecocidio y subyugación de los pueblos colonizados de prácticamente todo el planeta.
En esta narrativa para privilegiar el individualismo, el pensamiento Occidental, deliberadamente pretende omitir que en la realidad, no existen las invenciones individuales sino de grupo pues inventar es más costoso y difícil que imitar lo que a nivel grupal ya ha sido creado. Dice el antropólogo Robert Boyd (2017): «Los humanos hacemos uso de percepciones y adaptaciones que regularmente no entendemos. Aprendemos con frecuencia, no por saber como funcionan las cosas, sino imitando a otros que localmente saben cómo hacerlas. Es decir, no hay “invenciones personales” sino de grupo. Somos una especie social».
Por ello, en el campo filosófico, hace sentido cuando Bautista (2015), menciona que: «Las grandes preguntas no son producto del genio de los grandes pensadores, las grandes preguntas, el contenido de las grandes preguntas las producen los pueblos en coyunturas culturales, políticas e históricas». Y dice además: «De eso el pensador se apropia. Y cuando tematiza eso, todo mundo se reconoce en ese tipo de contenido. Eso es la filosofía, por eso decimos que hay historia».
Los pueblos de Abya Yala, también llamado Continente Americano, desarrollados en ecosistemas de alta diversidad biológica como las selvas lluviosas, aprendieron, a través de un meticuloso proceso de observación y experimentación transmitido por cientos de generaciones, a reconocerse a sí mismos como integrantes de la naturaleza, donde diseñaron sistemas de producción bajo una concepción del mundo donde la vida humana depende de otras formas de vida. Una forma particular, una ontología pues, de ser, de estar en el mundo.

¿Como se estudia la etnobotánica?
Regularmente, cuando se hace referencia a la utilización de algún método de investigación, se habla de “El método científico” como si este fuera un aparato o una invocación especial que al aplicarlo nos dará la clave para, de una manera clara y precisa, obtener información legítima de algún evento o proceso a investigar en la naturaleza. Sin embargo, esto no es cierto, no existe “El método científico”, sino muchos métodos, los cuales varían, dependiendo de la aproximación que quiera tenerse de la realidad. Esto es muy evidente en la investigación etnobotánica, en especial porque representa un punto de convergencia entre las ciencias sociales y biológicas. Tanto las ciencias sociales como las biológicas están fundadas en una serie de métodos que, en ocasiones, pueden resultar antagónicos, de aquí que la etnobotánica resulta una disciplina apasionante, en donde el principal objetivo de la investigación resulta ser la pregunta, no el método. La etnobotánica busca contestar preguntas relevantes relacionadas a la relación entre las comunidades locales y las plantas.

Uno de los etnobotánicos más importantes del mundo, el Maestro Efraim Hernández Xolocotzi, describió la exploración etnobotánica de la siguiente manera: “La función de la exploración etnobotánica y por ende del explorador etnobotánico consiste: primero, en registrar, ordenar, escudriñar, hilvanar y publicar la información en el mismo marco de la cultura agrícola del hombre; segundo, reunir con cuidado e inteligencia el material de propagación de interés inmediato y mediato a los problemas urgentes de la investigación agronómica, de la introducción o incorporación a los bancos de plasma germinal mantenidos bajo las técnicas modernas de conservación. La exploración etnobotánica es, por consiguiente, un arte basado en varias disciplinas científicas y requiere, para su éxito, de la colaboración de institutos y profesionistas interesados y entrenados en concordancia con los problemas inherentes de colección, de propagación y de conservación. Debe constituir el puente intelectual y material entre el agricultor indígena y el hortelano, el agrónomo; el etnobotánico, el bioquímico, el genetista y el fitomejorador. ” (Hernández-Xolocotzi, 1985).
El Maestro Hernández-Xolocotzi, consciente de la aproximación multidisciplinaria de la etnobotánica, planteó seis consideraciones metodológicas, que hasta fecha siguen vigentes, y que son muy recomendables para el que quiera iniciar una investigación etnobotánica. Entre estas, resalta la consideración de que en cualquier problema a estudiar “siempre hay antecedentes». Buscar los antecedentes resulta de mucha utilidad para ubicarse en espacio, en tiempo y en contenido étnico”. En el mismo párrafo, describe la realidad de la investigación etnobotánica, deshaciendo la fantasía de que al realizar una investigación, metodológicamente, existe una secuencia de procedimientos que nos guían desde el principio de la investigación hasta la culminación, con algún hallazgo importante que nos hará famosos. En palabras de Hernández-Xolocotzi: “No pueden definirse con precisión al iniciarse el trabajo, el problema, el procedimiento y los resultados, puesto que éstos serán la consecuencia del desarrollo mismo de la exploración, la cual, con frecuencia, conducirá por caminos impredecibles, experiencias únicas y resultados de valor muy variable. Los incidentes peligrosos, la aparente pérdida de tiempo, los fracasos, todo forma parte integral de la exploración. Las reseñas de exploraciones fructíferas, atractivas, pintorescas, se escriben únicamente después del logro de buenos resultados, en un ambiente acogedor. Es más, los mejores exploradores nunca llegaron a escribir sus experiencias y quizá el mejor material colectado no figuró en el cálculo inicial de la exploración” (Hernández-Xolocotzi, 1985).
La convergencia entre lo social y lo biológico
A pesar de la diversidad de aproximaciones, existe un acuerdo mas o menos general en relación a como utilizar los métodos de las ciencias sociales y biológicas para aplicarlos en la investigación etnobotánica. Debido a que la gente es indispensable para el estudio de la etnobotánica, es indispensable aplicar una aproximación antropológica no solo para obtener información, sino para relacionarse, respetar y sobre todo, tener el consentimiento de las personas con quiénes poder compartir y participar en una investigación. Por lo tanto, iniciar una investigación etnobotánica implica relacionarse, hacer del conocimiento de las autoridades y la comunidad en general, los propósitos de la investigación.
Atreverse a realizar una investigación etnobotánica sin el consentimiento de la gente representa un error que seguramente llevará la investigación al fracaso. Lo mismo ocurre en el caso de la colecta de plantas. Desde hace cuando menos unos veinte años, los gobiernos de países con alta diversidad biológica como México, han endurecido las leyes para el estudio de la diversidad biológica. Casualmente, estas restricciones, han repercutido principalmente en los investigadores de la etnobotánica, quienes además del trabajo de campo, tienen que enfrentar una burocracia cada vez mas grande, para obtener permisos de colecta y manejo de material botánico (Gómez-Pompa, 2004).
Un aspecto importante de los métodos antropológicos radica en la aproximación participativa. Es decir, el grado de relación del investigador con la comunidad y quienes nos ayudan en la investigación. En esta sección sugerimos una serie de lecturas que describen los principales métodos y técnicas antropológicas que sirven para relacionarse en la comunidad y establecer una relación en donde el investigador encuentre las respuestas a sus preguntas sin que los informantes sean inducidos a lo que el investigador quiere ver o escuchar. Es muy importante que el investigador sepa ser líder en la investigación facilitando las interacciones con y entre los miembros de la comunidad y no sea un director o jefe, que quiera imponer su realidad a quienes le rodean.
En la investigación etnobotánica es necesario tener la mente abierta y la disposición para improvisar, re-orientar y adaptarse a las condiciones cambiantes de una comunidad, por simple que pudiera parecerle, en principio, al investigador.
Los métodos y técnicas botánicas son tan importantes como las antropológicas para conducir una investigación etnobotánica. Es importante conocer las técnicas para colectar especímenes en el campo, herborizarlos e incorporarlos en una base de datos antes de almacenarlos en un herbario. En la sección de lecturas recomendadas, presentamos algunos escritos sobre el procedimiento para la colecta de plantas. Es necesario mencionar que, con la disponibilidad de tecnología de calidad a precios razonables, la investigación etnobotánica puede incorporar información que antes resultaba muy costosa e inaccesible, como por ejemplo, la utilización de geo-posicionadores (GPS), el uso de cámaras digitales y vídeo-cámaras, y sobre todo el trabajo de edición en computadoras, son herramientas que actualmente deben ser incorporadas en investigación etnobotánica. Otra fuente de información valiosa es la biología molecular. De igual manera, con el abaratamiento de los costos y la estandarización de protocolos para aislar genes, la información molecular se ha revelado muy útil para conocer por ejemplo, la distribución de plantas a través de un área geográfica determinada, y si esta distribución tiene alguna relación con la migración de grupos humanos y su papel como vectores de dispersión de plantas. Es posible también explorar la variación de plantas sujetas a procesos de domesticación en donde determinados grupos humanos han seleccionado deliberadamente ciertos caracteres con fines alimenticios, medicinales, o para construcción.
Lecturas recomendadas
Alexiades, M. N. 1996. Protocol for conducting ethnobotanical research in the tropics. In: Alexiades, M. N. (ed) 1996. Selected Guidelines for Ethnobotanical Research: A Field Manual. The New York Botanical Garden. Pgs. 5-18
Alexiades, M. N. 1996. Collecting ethnobotanical data: an introduction to basic concepts and techniques. In: Alexiades, M.N. (ed) 1996. Selected Guidelines for Ethnobotanical Research: A Field Manual. The New York Botanical Garden. Pgs. 53-94.
Alexiades, M. N. 1996. Standard techniques for collecting and preparing herbarium specimens. In: Alexiades, M. N. (ed) 1996. Selected Guidelines for Ethnobotanical Research: A Field Manual. The New York Botanical Garden. Pgs.99-126.
Gómez-Pompa, 1984. The role of biodiversity scientists in a troubled world. Bioscience 54(3):217-225.
Martin, G. J. 1995. Anthropology. In: Martin, G. J. 1995. Ethnobotany: A methods manual. Chapman & Hall. Pgs. 96-136
Peters, C. M., Gentry, A. H., and Mendelsohn, R. O. 1989. Valuation of an Amazonian rainforest. Nature 339: 655-656.
Hernández Xolocotzi, E. 1985. Exploración etnobotánica y sus metodología. Xolocotzia. Obras de Efraín Hernández Xolocotzi. Revista de geografía agrícola. Universidad Autónoma Chapingo. I: 163-188.
Phillips, O. L. 1996. some quantitative methods for analyzing ethnobotanical knowledge. In: Alexiades, M. N. (ed) 1996. Selected Guidelines for Ethnobotanical Research: A Field Manual. The New York Botanical Garden. Pgs. 171-197.


